lunes, 20 de agosto de 2012

-Los jóvenes no están fuera de la Iglesia, aunque al ir a las parroquias no se los vea

El fundador del Camino Neocatecumenal anima a la Nueva Evangelización sin temor a la muerte ni al sufrimiento.
Al cumplir un año de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, que tuvo lugar entre el 16 y el 21 de agosto de 2011 con la presencia de Benedicto XVI, Kiko Argüello, ha escrito un artículo en La Razón para evocar el acontecimiento y señalar estas iniciativas como un hito de la Nueva Evangelización.
(ved ahora el articulo de la Razòn del 20 agosto 2012)

Un año después de la JMJ Es maravilloso ser cristiano; por Kiko Argüello
¡Cómo no alegrarnos al pensar que el Camino Neocatecumenal contribuyó junto a monseñor Cordes al nacimiento de estas Jornadas Mundiales! Todavía recuerdo los primeros encuentros, a los que asistían siempre tantos jóvenes del Camino. Me acuerdo sobre todo de la Jornada de la Juventud de Santiago de Compostela en el año 89 y de cómo los jóvenes llevaban tantas pancartas. Del Camino acudieron cerca de 50.000 y en total parecíamos casi medio millón. Fue algo enorme. Era algo novedoso ver a tantos jóvenes. Después, en la Plaza del Pilar de Zaragoza hicimos el encuentro vocacional, donde muchísimos jóvenes se levantaron para ir al seminario. Quisimos hacer presente que los primeros evangelizadores de España, a los que se los llama los «siete varones apostólicos», eran itinerantes. Estaban cansados y defraudados a la orilla del Ebro y después de fracasar querían volverse, pero la Virgen se les apareció para darles ánimo y decirles que tenían que continuar. Es decir, la Virgen María siempre sostiene la evangelización.

Una cosa sorprendente de la pasada Jornada de la Juventud en Madrid fue la cantidad de jóvenes. Uno se sorprende y se pregunta de dónde salieron tantos jóvenes, porque el Camino llevó cerca de 300.000, pero hubo más de un millón. Esto nos lleva a hacer una reflexión: los jóvenes no están fuera de la Iglesia, aunque al ir a las parroquias no se los vea. No es cierto. Ha sido un gran signo de esperanza, de que no todo está perdido en Europa. Es verdad que el demonio está intentando destruir la familia cristiana, que está abierta a la vida y confía en el amor de Dios. San Jerónimo decía en la Vulgata al hablar del encuentro de Tobías y su mujer Sara: «Te tomo no por deseo de concupiscencia, sino con la esperanza de una posteridad que dé gloria a Dios», refiriéndose a los hijos. Se ve la esperanza grande que tiene la Iglesia en la familia. Estos jóvenes que hemos visto en la JMJ de Madrid son sin duda el fruto de tantas familias cristianas.

El Camino celebró en la Plaza de Cibeles al día siguiente de la vuelta del Papa a Roma un encuentro vocacional. Para nosotros fue algo maravilloso fruto de la palabra del Santo Padre y de su afabilidad, porque a los jóvenes que están en el Camino les llega muchísimo el Papa. Muchos jóvenes que se han levantado y que están hoy en los seminarios, cuando les hemos preguntado qué les ha movido a responder al Señor, contestan que ha sido la palabra del Santo Padre. Fue maravilloso ver a cerca de 300.000 jóvenes en la Plaza de Cibeles, todo lleno. Nosotros sentimos mucho la Nueva Evangelización en Asia, por eso dije que hay que preparar sacerdotes para China, Tailandia, etc. y fue sorprendente ver a tantos jóvenes, cerca de 5.000, que se movieron, se levantaron llenos de entusiasmo. También cerca de 3.000 chicas. Estamos conmovidos de la obra del Espíritu Santo en una nueva juventud que está Dios preparando para una nueva evangelización en el mundo. A esta Nueva Evangelización se refirió proféticamente Juan Pablo II diciendo que es necesario retornar con fuerza y con ánimo al primerísimo modelo apostólico, sin desfallecer en llevar la maravilla del Evangelio a todos. Porque Cristo ha dado su vida para que todos los hombres tengan dentro una vida inmortal, vida eterna, y puedan amar en una nueva dimensión y no se angustien. Es maravilloso poder vivir con el Espíritu Santo dentro, con el Espíritu del Señor en nuestro corazón, y tener esperanza sabiendo que la muerte no es el final de nuestra vida. Es maravilloso ser cristiano. Por eso no podemos quedarnos callados; tenemos que salir a los caminos, tenemos que ir a las ciudades y decir a los hombres que hay una Buena Noticia para ellos y darles ánimo. Quien no quiera recibir este Espíritu, que Cristo le da gratis, continuará teniendo dentro miedo a la muerte y miedo al sufrimiento, pensando siempre en el dinero y  teniendo dentro amargura. Pensad en la cantidad de gente que se suicida en todas partes. Esperamos que la Iglesia pueda levantarse y partir llena de entusiasmo y de esperanza a iniciar una Nueva Evangelización en el mundo.

Kiko Argüello
Iniciador del Camino Neocatecumenal
http://www.larazon.es/noticia/7089-es-maravilloso-ser-cristiano-por-kiko-arg-ello

viernes, 13 de julio de 2012

-Resumen orientaciones sobre el matrimonio y la familia

La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal y la legislación familiar. Una tarea para toda la Iglesia
Vivimos en «una sociedad enferma». Los problemas, en buena parte, se explican por ideologías que difuminan la naturaleza del matrimonio y de la familia, porque se han construido a partir de una imagen errónea de la sexualidad humana. Éste es uno de los mayores retos que afronta hoy la Iglesia en España, según el documento sobre La verdad del amor humano, presentado ayer en la sede de la Conferencia Episcopal Española. «Nadie en la comunidad eclesial puede pasar y desentenderse», advierten los obispos. Es un documento llamado a servir de referencia en un terreno en el que se libra hoy una decisiva batalla cultural en Occidente.

En esencia, los obispos españoles advierten de que el sexo no debería considerarse un mero asunto privado, que cada cual deba vivir como mejor le plazca. Es peligroso banalizar la sexualidad, porque la felicidad del ser humano demanda una adecuada comprensión de la sexualidad humana, argumentan. Depende de ella la estabilidad del matrimonio y de la familia, a su vez indispensable para conformar una sociedad cohesionada. Por el contrario, la degradación de la relaciones interpersonales en nuestros días, la prostitución, el aumento de las adicciones y otros elementos que conforman el cuadro de «una sociedad enferma» tienen aquí su explicación.

El documento explica que la vía preferente para la Iglesia es la propuesta en positivo y la educación, aunque no teme levantar la voz para la denuncia pública, «si la situación lo reclama». Y éste es hoy el caso. Los obispos consideran que, desde hace más de 10 años, se ha producido una progresiva devaluación de la familia en la legislación española, que propaga y lleva a lo que, «sin eufemismos, podía calificarse como una cultura de la muerte». En el terreno legal, el documento cita leyes e iniciativas, como la ley del aborto, la aprobación del matrimonio homosexual; el divorcio exprés, la libre comercialización de la píldora del día después; la imposición de la asignatura Educación para la ciudadanía...

*El amor conyugal
La propuesta de la Iglesia en materia de sexualidad podría resumirse en una sola frase: Alma y cuerpo son indisociables. La persona «no puede relacionarse con su cuerpo como si fuera algo ajeno a su ser», ni con el suyo propio, ni con el cuerpo de los demás. «Relacionarse con el cuerpo es hacerlo con la persona: el cuerpo humano está revestido de la dignidad personal», afirma el documento.

De ese modo, el ser humano se configura como mujer o como varón. «El espíritu se une a un cuerpo que necesariamente es masculino o femenino», y ambos sexos se complementan, después, en el amor conyugal, que Benedicto XVI ha presentado como «arquetipo por excelencia» del amor humano, recuerda el texto. Es un «amor comprometido», que se fundamenta en la voluntad de compartir todo un proyecto común de vida. De ahí la exigencia de «fidelidad e indisolubilidad, así como de apertura al don de vida», que son los requisitos adecuados «a la grandeza y dignidad del amor matrimonial». Ese amor debe ser fiel y exclusivo, «total en la exclusividad y exclusivo en la totalidad». Por eso, «comporta la donación recíproca sin reservas ni condiciones».

«Tiene que ser un amor fecundo, abierto a la vida», porque este amor «rechaza cualquier forma de reserva y, por su propio dinamismo, exige abrirse y entregarse plenamente».

*El valor de la carne
Por ello, el documento considera necesario «evitar una interpretación narcisista de la sexualidad. Si se comprende como un simple sentirse bien con uno mismo, la verdad del amor humano queda eclipsada». Los obispos rechazan las concepciones puramente materialistas del cuerpo humano, pero también denuncian el espiritualismo de corte puritano, que menosprecia o condena el papel de la sexualidad.

Otro reto a superar, que señalan, es «la concepción romántica y subjetivista del amor, que presupone «una idea de libertad como mera espontaneidad, sin otro compromiso que el que se funda en las emociones». De ahí resulta la concepción del vínculo matrimonial «como un estorbo, y su estabilidad, como la cárcel del amor». Pero de este modo, al ignorarse «la roca firme del compromiso de la voluntad racional protegida por la institución» del matrimonio, el amor queda «sometido al vaivén de las emociones, efímeras por naturaleza», y se derrumba «más pronto que tarde», al mínimo contratiempo.

*La ideología de género
La ideología de género es señalada, a lo largo de todo el documento, como una grave amenaza. Esta ideología alimenta el actual «proceso de deconstrucción de la persona, el matrimonio y la familia... Primero se postuló la práctica de la sexualidad sin la apertura al don de los hijos: la anticoncepción y el aborto. Después, la práctica de la sexualidad sin matrimonio: el llamado amor libre. Luego, la práctica de la sexualidad sin amor. Más tarde la producción de hijos sin relación sexual: la llamada reproducción asistida (fecundación in vitro, etc.) Por último, con el anticipo que significó la cultura unisex y la incorporación del pensamiento feminista radical, se separó la sexualidad de la persona: ya no habría varón y mujer; el sexo sería un dato anatómico, sin relevancia antropológica». Se trata ahora de que cada cual puede «elegir configurarse sexualmente como desee». En otras palabras, «hombre y masculino podrían designar tanto un cuerpo masculino como femenino; y mujer y femenino podrían señalar tanto un cuerpo femenino como masculino».

Subyace a todo ello una «cultura pansexualista», en la que se postula «usar el sexo como un objeto más de consumo». El último frente de batalla es la educación, «porque el objetivo será completo cuando la sociedad, -los miembros que la forman- vean como normales los postulados que se proclaman. Eso solo se conseguirá si se educa en ella, ya desde la infancia, a las jóvenes generaciones». Es el caso de Educación para la ciudadanía o de «las exigencias que se imponen, en materia de educación sexual», con la ley del aborto.

*Más familia
Frente a esos ataques, se necesita más familia. Afirma el documento de los obispos: «La familia es una lámpara, cuya luz no puede quedarse en el ámbito privado. Está llamada a brillar y ser motor de sociabilidad».

Es cuestión de supervivencia, individual y colectiva. Lo primero, porque no hay otro antídoto «en una sociedad cada vez más individualista, en la que la consideración de las personas viene a medirse por el beneficio que reportan, no por lo que son», algo que sólo aporta la familia. Y lo segundo, porque, sin más familia, «el desierto demográfico de nuestro país tendrá en breve tiempo consecuencias muy negativas para el sistema social y económico».

Falta en España apoyo de la Administración al matrimonio y la familia. Salvo «algunas ayudas económicas coyunturales», las leyes «no sólo han ignorado el matrimonio y la familia, sino que los han penalizado», originando una «desvalorización sin precedentes» del matrimonio. Con el divorcio exprés, por ejemplo, el matrimonio se ha convertido «en uno de los contratos más fáciles de rescindir», lo cual «indica que la estabilidad del matrimonio no se ve como un bien que haya que defender. Se considera, por el contrario, como una atadura que coarta la libertad y espontaneidad del amor. No cuentan el dolor y el sufrimiento que quienes se divorcian se causan a sí mismos y, sobre todo, a los hijos cuando, ante los problemas y dificultades que pudieron surgir, se procede con precipitación irreflexiva y se opta por la ruptura de la convivencia».

*Signos de esperanza
A falta de reconocimiento público del valor social del matrimonio y la familia, en cambio, «sí se observa una creciente revalorización, por parte de la sociedad». Éste es, para los obispos, un signo de esperanza, al que añaden la «multiplicación de movimientos y asociaciones a favor del derecho a la vida y de la familia. «Los obispos animamos a todos, pero de manera especial a los fieles católicos, a participar» en este tipo de asociaciones, dice el documento. Y, en particular, sostienen que «es un derecho y un deber de los ciudadanos mostrar su desacuerdo e intentar la modificación de la ley que redefine el matrimonio eliminando su contenido específico».

Advierten, eso sí, de la necesidad de más formación en estos temas. «Sólo entonces será posible alimentar la convicción que permita empeñarse personalmente en favor de la regulación justa del matrimonio y de la familia en el ordenamiento jurídico. La familia, la parroquia, la escuela y los medios de comunicación están llamados» a involucrarse más activamente. En particular, los obispos señalan la importancia de ganar la batalla del lenguaje, para que las palabras vuelvan a «distinguir realidades que, por ser diferentes, nunca pueden equipararse».

La preparación al sacramento del Matrimonio y el acompañamiento de las familias son también puntos estratégicos. «Se han de emplear todos los medios para llegar al mayor número de personas». Por ejemplo, hay que prestar ayudas a las familias, a través de los Centros de Orientación Familiar, los Centros de formación en métodos naturales de conocimiento de la fertilidad, los Institutos de ciencias y estudios sobre el matrimonio y la familia, institutos de bioética...

«Nadie en la comunidad eclesial puede pasar y desentenderse» de esta batalla, advierten los obispos. Pero si alguien tiene una responsabilidad directa son los propios matrimonios cristianos. «Porque son ellos, sobre todo, los que, con el testimonio de sus vidas, harán creíbles a quienes les contemplan la belleza del amor que viven y les une. Nunca se debe olvidar que en todo corazón humano anidan unos anhelos que despiertan siempre ante el bien y la verdad».

No les vendría mal, eso sí, un poco de ayuda de los políticos católicos, que «deben tener presente que, como servidores del bien común, han de ser también coherentes con su fe». Al promover leyes «acordes con la verdad del amor humano, no imponen nada a nadie», sino que actúan conforme a «la recta razón de la Humanidad».

-El cuerpo es bueno

Una de las batallas que tuvieron que ganar los Padres de la Iglesia en los primeros siglos del cristianismo fue el de la bondad del cuerpo. Los gnósticos aseguraban que el cuerpo humano es malo y, en consecuencia, que el matrimonio y las relaciones conyugales eran intrínsecamente perversas. Frente a esta herejía, la Iglesia sostuvo que el cuerpo humano es bueno, porque es la expresión visible de la persona humana; y que el matrimonio también es bueno, muy bueno, pues es un maravilloso espejo que refleja la comunión de las personas.

Las tendencias despreciativas del cuerpo humano y del matrimonio han vuelto a reaparecer en nuestros días: el espiritualismo, el sexismo biológico y la llamada ideología de género. El espiritualismo consiste en no reconocer a la corporeidad sexuada su sentido espiritual, es decir, que sea capaz de expresar la comunión de amor entre las personas. En el extremo opuesto se sitúa el sexismo biológico: el cuerpo humano es pura materia, sin dimensión espiritual y trascendente, por lo que habría que dar vía libre a todas las relaciones sexuales; la revolución sexual del mayo francés y el Con mi cuerpo hago lo que quiero son algunas de sus manifestaciones. Con todo, la llamada ideología de género es la postura más radical contra la verdad y bondad del cuerpo humano: ser hombre o ser mujer dependería de una opción personal, sobre todo cultural. La sexualidad humana, es decir: la masculinidad y feminidad, serían un accidente cultural. La opción de género, lejos de ser una conquista, deforma la imagen del ser humano e imposibilita la sexualidad como expresión de la persona.

Con este trasfondo cultural, los obispos de España hemos hecho público el documento sobre La verdad del amor humano, un texto amplio, profundo y de gran calado doctrinal y pastoral. Aquí lo teneis integro: http://www.conferenciaepiscopal.es/index.php/documentos-plenaria.html

Invito encarecidamente a los sacerdotes, catequistas, formadores cristianos, miembros de movimientos familiares y de asociaciones y nuevas realidades eclesiales a que lo lean, asimilen y difundan en todos sus ambientes. Mención especial merecen quienes imparten los cursillos prematrimoniales y la catequesis familiar a las parejas jóvenes.
Francisco Gil Hellín, arzobispo de Burgos

domingo, 6 de mayo de 2012

-Cristo resucitado, mi esperanza


María Magdalena, es la primera en encontrar en la mañana de Pascua a Jesús resucitado. Ella corrió hacia los otros discípulos y, con el corazón sobrecogido, les anunció: «He visto al Señor» (Jn 20,18). También nosotros hoy abrimos las puertas al grito de victoria: «¡Ha resucitado! ¡Ha resucitado verdaderamente!».
Todo cristiano revive la experiencia de María Magdalena. Es un encuentro que cambia la vida: el encuentro con un hombre único, que nos hace sentir toda la bondad y la verdad de Dios, que nos libra del mal, no de un modo superficial, momentáneo, sino que nos libra de él radicalmente, nos cura completamente y nos devuelve nuestra dignidad. He aquí porqué la Magdalena llama a Jesús «mi esperanza»: porque ha sido Él quien la ha hecho renacer, le ha dado un futuro nuevo, una existencia buena, libre del mal. 
«Cristo, mi esperanza», significa que cada deseo mío de bien encuentra en Él una posibilidad real: con Él puedo esperar que mi vida sea buena y sea plena, eterna, porque es Dios mismo que se ha hecho cercano hasta entrar en nuestra humanidad.
Pero María Magdalena, como los otros discípulos, han tenido que ver a Jesús rechazado por los jefes del pueblo, capturado, flagelado, condenado a muerte y crucificado. Debe haber sido insoportable ver la Bondad en persona sometida a la maldad humana, la Verdad escarnecida por la mentira, la Misericordia injuriada por la venganza. Con la muerte de Jesús, parecía fracasar la esperanza de cuantos confiaron en Él. Pero aquella fe nunca dejó de faltar completamente: sobre todo en el corazón de la Virgen María, la madre de Jesús, la llama quedó encendida con viveza también en la oscuridad de la noche. 
En este mundo, la esperanza no puede dejar de hacer cuentas con la dureza del mal. No es solamente el muro de la muerte lo que la obstaculiza, sino más aún las puntas aguzadas de la envidia y el orgullo, de la mentira y de la violencia. Jesús ha pasado por esta trama mortal, para abrirnos el paso hacia el reino de la vida. Hubo un momento en el que Jesús aparecía derrotado: las tinieblas habían invadido la tierra, el silencio de Dios era total, la esperanza una palabra que ya parecía vana.
Y he aquí que, al alba del día después del sábado, se encuentra el sepulcro vacío. Después, Jesús se manifiesta a la Magdalena, a las otras mujeres, a los discípulos. La fe renace más viva y más fuerte que nunca, ya invencible, porque fundada en una experiencia decisiva: «Lucharon vida y muerte / en singular batalla, / y, muerto el que es Vida, triunfante se levanta». Las señales de la resurrección testimonian la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio, de la misericordia sobre la venganza: «Mi Señor glorioso, / la tumba abandonada, / los ángeles testigos, / sudarios y mortaja».
Queridos hermanos y hermanas: si Jesús ha resucitado, entonces – y sólo entonces – ha ocurrido algo realmente nuevo, que cambia la condición del hombre y del mundo. Entonces Él, Jesús, es alguien del que podemos fiarnos de modo absoluto, y no solamente confiar en su mensaje, sino precisamente en Él, porque el resucitado no pertenece al pasado, sino que está presente hoy, vivo. Cristo es esperanza y consuelo de modo particular para las comunidades cristianas que más pruebas padecen a causa de la fe, por discriminaciones y persecuciones. Y está presente como fuerza de esperanza a través de su Iglesia, cercano a cada situación humana de sufrimiento e injusticia.
Feliz Pascua a todos.”
 Benedicto XVI

-la vida frenética «endurece el corazón»


El Papa advierte de que la vida frenética «endurece el corazón»

 

Benedicto XVI denuncia el activismo y señala el tiempo de oración como una necesidad del hombre para «no ahogarse» y ha  hablado de la importancia de rezar para que no nos ahogue el activismo diario

Demasiadas ocupaciones y una vida frenética «endurecen el corazón de los hombres y hacen sufrir al espíritu»; la vida no puede valorarse con los únicos criterios de la productividad y la eficiencia.
El Papa destacó la importancia de la plegaria en la vida del hombre y señaló que sin ella nuestra vida se vacía y quedamos insatisfechos.
«Las demasiadas ocupaciones, una vida frenética, acaban muchas veces por endurecer el corazón y hacer sufrir al espíritu, decía san Bernardo. Son palabras muy importantes para el hombre de hoy, acostumbrado a evaluar todo con el criterio de la productividad y la eficiencia», subrayó el Obispo de Roma.
Benedicto XVI añadió que el libro de Los Hechos de los Apóstoles recuerda la importancia del trabajo en la vida diaria, pero precisa que se debe desarrollar con responsabilidad y dedicación y sin olvidad la necesidad que tenemos de Dios.
«Sin la plegaria diaria vivida con fidelidad, nuestro menester se vacía, pierde el alma profunda, se reduce a una simple actividad que a larga nos deja insatisfechos», destacó el Papa, que resaltó la antigua tradición cristiana de rezar antes de cada actividad.
El Papa manifestó que los cristianos creen en la fuerza de la palabra de Dios y de la plegaria y subrayó que la oración recuerda a los fieles «que solo de la relación íntima con Dios, cultivada día a día, nace la respuesta a Dios».
Benedicto XVI destacó el primado de la plegaria y de la Palabra de Dios para los hombres y aseguró que «si los pulmones del rezo y de la Palabra de Dios no alimentan la respiración de nuestra vida espiritual, se corre el riesgo de que nos ahoguemos en medio de las miles de cosas de cada día».
«El rezo es la respiración del alma y de la vida», afirmó el Papa, que invitó a los fieles a mantenerse siempre unidos a Dios con las plegarias.

-la vida de cada hombre es una historia de amor

 En la Iglesia se descubre que la vida de cada hombre es una historia de amor
Acaba de terminar, en la basílica de San Pedro, la celebración eucarística en la que he ordenado a nueve presbíteros nuevos para la diócesis de Roma. Demos gracias a Dios por este regalo, ¡un signo de su amor providente y fiel a la iglesia! Estrechémonos espiritualmente en torno a estos nuevos sacerdotes y recemos para que acojan plenamente la gracia del sacramento que los ha conformado con Cristo Sacerdote y Pastor. Y recemos para que todos los jóvenes estén atentos a la voz de Dios que habla interiormente a su corazón y los llama a desprenderse de todo para que le sirvan. A este objetivo está dedicada la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. En efecto, el Señor llama siempre, pero muchas veces no lo escuchamos. Estamos distraídos por muchas cosas, por otras voces más superficiales; y después tenemos miedo de escuchar la voz del Señor, porque pensamos que puede cortarnos la libertad. En realidad, cada uno de nosotros es fruto del amor: ciertamente, del amor de los padres, pero, más profundamente, del amor de Dios. La Biblia dice: si aunque tu madre no te quisiera, yo te quiero, porque te conozco y te amo (Is. 49,15). En el momento que me doy cuenta de este amor, mi vida cambia: se convierte en una respuesta a este amor, más grande que cualquier otro, y así se realiza plenamente mi libertad.
Los jóvenes que hoy he consagrado sacerdotes no son diferentes de otros jóvenes, pero han sido profundamente tocados por la belleza del amor de Dios, y no podían dejar de responder con toda su vida. ¿Cómo han conocido el amor de Dios? Lo han encontrado en Jesucristo, en su evangelio, en la eucaristía y en la comunidad eclesial. En la Iglesia se descubre que la vida de cada hombre es una historia de amor. Lo muestra claramente la sagrada escritura, y lo confirma el testimonio de los santos. Un ejemplo es la expresión de san Agustín en sus Confesiones, que se vuelve a Dios y le dice: «¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí, y yo fuera ... Tú estabas conmigo, y yo no estaba contigo ... Pero me has llamado, y tu grito le ha ganado a mi sordera" (X, 27.38).
Queridos amigos, recemos por la iglesia, por cada comunidad local, para que sea como un jardín regado, donde pueden germinar y crecer todas las semillas de la vocación que Dios siembra en abundancia. Oremos para que todos cultiven este jardín, en la alegría de sentirse todos llamados, en la variedad de los dones. En particular, que las familias sean el primer lugar en el que se "respire" el amor de Dios, que da la fuerza interior, incluso en medio de las dificultades y las pruebas de la vida. Quien vive en familia la experiencia del amor de Dios, recibe un don inestimable, que da fruto a su tiempo. Que nos conceda todo esto la Santísima Virgen María, modelo de acogida libre y obediente a la llamada divina, Madre de toda vocación en la iglesia.
Benedicto XVI

- la pasión por la verdad del Papa


Pasión por la verdad en Benedicto XVI
El Papa Benedicto XVI cumple 85 años. A esa edad este teólogo de mente abierta a todo saber, carga con la penosa tarea, al timón de la Barca de Pedro, de dirigirla sin naufragar y a contra corriente entre los altivos oleajes de la cultura atea.
En medio de un mundo donde imperan con fuerza las peores mentiras, Benedicto XVI es un hombre apasionado por la verdad. No sólo por las verdades de fe, sino muy incisivamente por las verdades de razón. Benedicto trata de mostrar al mundo que entre la fe cristiana y la razón natural no hay oposición sino apoyo mutuo.
Cuando el Papa actual era cardenal en su libro "Cooperadores de la verdad" escribió: "Buena parte de la antropología moderna concibe al hombre como mono desnudo, rata pérfida, destructor de la naturaleza o como simple producto de la herencia y del azar, incurriendo en un reduccionismo miope inhábil para dar cuenta de las dimensiones genuinas de lo humano, cuya gravedad se aprecia con fuerza creciente en las variadas formas de degradación y envilecimiento de que es objeto el hombre contemporáneo. Semejante desenfoque, que lleva a identificar, como ha hecho Sartre, el infierno con el otro, o a definir al hombre como «robot ciegamente programado para la conservación de moléculas egoístas», es una manifestación de la crisis de nuestra época, cuyo núcleo fundamental se halla en la renuncia de la verdad".
Si no se aceptan las verdades de razón, las que una mente libre debe buscar y puede encontrar, entonces como plasmó Goya en uno de sus grabados mas famosos, "El sueño de la razón produce monstruos".
Monstruos de la razón fueron la Revolución Francesa, el nazismo, el marxismo y ahora lo es la cultura de la muerte. Y nuestro Gobierno ¿se enfrenta a esa cultura destructiva o la sigue dócilmente? 
Luis Fernández Cuervo Domingo, 15 de Abril de 2012