lunes, 12 de septiembre de 2011

-La JMJ ya ha pasado... ¿y ahora, qué?

Una mirada al futuro
La Jornada Mundial de la Juventud «ha sido -afirmó el Papa el pasado miércoles- una ocasión especial para reflexionar, dialogar, intercambiarse experiencias positivas y, sobre todo, rezar juntos y renovar el compromiso de arraigar la propia vida en Cristo». Ahora, pues, es el momento de acompañar a los jóvenes para que ese compromiso se vaya haciendo realidad; la hora de buscar nuevas vías para que dé fruto…
¿Qué va a quedar, para el futuro, de estos días tan intensos? Y ahora, ¿qué retos se abren para la Iglesia en España? ¿Por qué tres Viajes de Benedicto XVI a España, en sólo 6 años de pontificado?
- Me ha llamado la atención la fraternidad, el ambiente de familia: si esa tormenta durante la Vigilia de Cuatro Vientos, tras temperaturas de 40 grados, ocurre con dos millones de jóvenes oyendo rock, tenemos una estampida mortal. -explica Rafael Na-varro-Valls, catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid y Secretario General de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación- En cuanto a cómo sería la acogida por parte de la ciudad, yo era muy escéptico, pero Madrid aparcó su cinismo ante el contacto con estos jóvenes.
Ahora, empieza otra fase de esta JMJ. Se han despertado ya vocaciones, pero comienza ahora, más bien, una revolución silenciosa, y creo que eso es lo que el Papa tiene en su mente: el impulso de las minorías creativas, en un mundo muy escaso de recursos morales. De aquí va a surgir una minoría creativa que se expandirá como la sal por todo el mundo, poco a poco. Dios actúa en el silencio: el crecimiento silencioso es la minoría creativa, el joven que lucha por ser santo… Son como la piedra que cae en el lago y va alterando el ecosistema moral de una nación… Ahora, los pastores deben pensar, con humildad, que hay que rezar más y seguir el ejemplo del Papa; que hay que ser más exigentes, empezando por uno mismo; y que la evangelización es un problema de cuerpo a cuerpo. El apostolado es así.

-La JMJ ha sido un éxito. Y ahora, ¿qué?

En una España, en la que parecía que era obligado decir que la fe era una cosa íntima y en retirada, de pronto hemos visto una explosión de naturalidad en la religiosidad…He aquí una mesa de diàlogo sobre el dia siguiente a la JMJ:
 

R.N.V.: Cierto. En un contexto en el que se produce ese intento de volver a meter a Jonás en el buche de la ballena, efectivamente se ha producido una explosión ante la mirada, yo diría un poco inquietada, de algunos. Es una manifestación más de que el siglo XXI va a ser el siglo de Dios. ¿Por qué? Ante esta eclosión de fe, ante esta presencia alegre, a muchos se les suscitan ahora preguntas, porque la gente se ha cansado de fórmulas que llevan a callejones sin salida.


J.F.S.: Algunos se han empeñado a fondo, durante muchos años, en un proceso de secularización de la sociedad. Han visto ahora que les ha salido mal la jugada, pero no han sabido hacer un reconocimiento explícito de que su proyecto no es todo lo que determina la sociedad española. Benedicto XVI, de hecho, ha planteado en Madrid un programa de ciudadanía para los españoles, no sólo de cristianía. Decía el Papa en su despedida: «España es una gran nación que, en una convivencia sanamente abierta, plural y respetuosa, sabe y puede progresar sin renunciar a su alma profundamente religiosa y católica». Y esto es lo que se ha demostrado. Mientras tanto, sin embargo, algunos siguen apelando a esa juventud del 68, y no se dan cuenta de que ya no existe.

B.B.: Es que esos jóvenes del 68 son los que mandan ahora. Están en la cumbre de su poder generacional, económico, intelectual, periodístico… Por eso están las cosas como están. Y frente a ellos, tenemos una juventud estupenda: no porque sean más santos, o tengan menos hormonas que nosotros, sino porque no están tan ideologizados como estábamos nosotros. Muchos jóvenes tenían antes un credo ideológico marxista, que les hacía insensibles a la realidad, a los hechos. Hoy los chavales están abiertos a las propuestas que sea. Y creo que por eso estamos viendo esa efervescencia de cosas buenas y también de cosas malas. De ahí la importancia de la JMJ. El gran problema de los jóvenes de hoy en día es que, estando abiertos a propuestas, nadie les cuenta la verdad: ni sus padres, ni sus profesores, ni por supuesto la tele. La JMJ es, por eso, una gran ocasión. Muchos jóvenes ven simplemente la cara de sonrisa de otros jóvenes, sin más. Y piensan: Ése tío es feliz. Yo quiero ser como él. Eso en el mundo juvenil es fundamental. La sonrisa de los chicos de la JMJ en la calle tiene una eficacia revolucionaria, aunque ellos no se den cuenta.

Y ahora, ¿qué?

J.L.R.: Lo que surge es una grandísima responsabilidad, desde el punto de vista educativo de la Iglesia: ¿qué propuesta se les va a hacer a esos chavales que acaba de describir Benigno, que están abiertos a propuestas, que son esponjas…? Hoy no prima el binomio verdad-justicia. El binomio decisivo es libertad-felicidad. Los grandes mitos -lo digo en sentido positivo- son ésos, y ahí es donde se juega la capacidad de la fe de demostrar que realmente responde al ansia de libertad (frente a quienes la presentan como enemiga de la libertad), y como cumplimiento de la felicidad -cuando algunos dicen que los creyentes son personas amargadas que han renunciado al placer, etc.-
Nos la jugamos en el plano de la razón, porque una fe que sea endeble en su dimensión racional, por lo menos en el debate público de Occidente, no puede sobrevivir. Pero nos la jugamos también en el ámbito de la afectividad, porque debemos mostrar a los jóvenes que la fe les permite vivir su dimensión afectiva mejor, más humanamente que si viven según otras propuestas que se les plantean…
Se han mostrado imágenes tremendas en la tele, con motivo de estos chavales que han fallecido en una fiesta rave, en Getafe. Era un contrapunto brutal, respecto a lo que sucedía, aquel mismo día, en Cuatro Vientos. Eso era una bacanal: tíos desnudos, sudados, gritando, bebiendo… Y dos muertos. Sería una tontería trazar una división entre chicos buenos y malos. No se trata de eso. Pero sí de que hay chavales que han tenido una propuesta y un itinerario que les ha permitido ir generando una personalidad fuerte, capaz de afrontar la vida, con sus dificultades, y chavales que son presa de todo, de todo lo malo. Buscan la felicidad y buscan el infinito y buscan el placer a tope, en el mínimo tiempo posible, y acaban fundidos.

B.B.: Hay otra diferencia entre los jóvenes de hoy y los de hace unas generaciones: nosotros no habíamos visto a dónde llevan otros modelos de vida, y era más fácil creer que la libertad sexual, el alcohol, la droga… llevaban a la felicidad. Hoy día, los jóvenes han visto muchas vidas destrozadas, empezando por las de sus padres. Y eso es ya una referencia. Los mitos te los dejas de creer cuando es evidente que no funcionan. Es lo que ocurrió con la gran mentira del comunismo; se vio ya que no era un problema ideológico, sino de que la vida bajo ese régimen era un asco. Empieza a pasar algo similar en Occidente, de alguna manera. Hay demasiada vida fracasada en generaciones anteriores que provoca rechazo en los jóvenes, y eso les lleva a buscar otras cosas.
Me contaba hace un tiempo un joven, que es un guaperas, que había una chica en clase que se le estaba insinuando. Le acosaba tanto, que él se vio obligado a explicarle por qué no se iba a acostar con ella. Y no sé qué le diría, pero su reacción fue decirle: «Mira, no entiendo una palabra de lo que me dices, pero seguro que vas a ser muy feliz viviendo así como dices». Hasta una chiquilla desnortada, cuando le hablan de esa manera, con convicción, dice: ¡Qué bien suena eso!

-La fe no es un moralismo, es una respuesta


La fe no es un sentimentalismo, ni un moralismo; es la respuesta a la búsqueda de la verdad del hombre, con todo lo que eso conlleva
A mí me da la impresión de que hemos sentido un escalofrío de fe, de esperanza y de caridad. Lo hemos sentido quienes pertenecemos a la Iglesia, pero también lo ha sentido la sociedad y el mundo de la política que ha mirado con ojos limpios este acontecimiento. Quien ha visto lo que ha ocurrido sabe que la fe es verdad, y que la fe de los jóvenes es verdadera.
Y destacaría además que, frente a la tentación del cristianismo del reduccionismo, de aminorarnos…, todas las invitaciones del Papa a los jóvenes se refieren a la obligación de buscar la verdad, a la exigencia de la santidad… Son altos ideales. El Papa llama también a remar mar adentro en la sociedad. Por cierto, hay quien hablaba de exhibición de fuerza de la Iglesia. La clave no es la fuerza o la debilidad, sino la presencia o la ausencia.
Y sin olvidar que llevamos en España ocho años de machaque cultural e ideológico contra el catolicismo, y no me refiero solamente a las legislaciones del Gobierno, sino también a las series de televisión, o a la hostilidad latente contra el catolicismo, que incluso emergió en la JMJ (siendo todo lo minoritaria que se quiera, se abrió paso en las portadas de los periódicos, y tuvo una dimensión como nunca antes en la historia de las JMJ). Y, de pronto, te encuentras con una afluencia masiva de jóvenes, y ¡de qué calidad! Es imposible que surjan de la nada esos cientos de miles de chavales, con esa calidad en la escucha, en el orden, en la espera, en el tipo de comunión, en el tipo de relación… Mi impresión fue: la Iglesia está viva. Esto no significa caer en el triunfalismo, ni decir que ya todo está resuelto, pero la Iglesia está viva, y pensábamos que estaba poco menos que moribunda…
Y hay otra cuestión: quien está enferma es la sociedad y la cultura; quien está viva es la Iglesia, porque la Iglesia más que institución, es una vida que se comunica. Y lo que hemos vivido en las Jornadas es una vida que se ha comunicado, que se ha presentado tal cual es. De manera muy visible y muy concreta. El Papa nos ha metido en la dinámica de la vida y de lo concreto. Ojo, porque una de las otras grandes tentaciones del cristianismo en la historia presente, a la que nos ha llevado la Ilustración, ha sido la abstracción. La abstracción divide, lo concreto une. Por eso, la Eucaristía es lo que más une en la vida de los cristianos. -nos dice José Francisco Serrano, Decano de la Facultad de Humanidades y Comunicación, de la Universidad CEU-San Pablo-.
Me parece también importante subrayar el hecho de que quien ha convocado es el Papa. Es una parte fundamental del éxito de la JMJ, que nos hace pensar que Pedro sigue teniendo ese ministerio profético, específico, para sorpresa del mundo, incluso cuando ese ministerio ha sido objeto de duras críticas, fuera y dentro de la Iglesia. Convoca también Benedicto XVI, de quien todos nos preguntábamos, en un primer momento, si este Papa intelectual, mucho más contenido que Juan Pablo II, sería capaz de mantener una interlocución viva con los jóvenes. Y hemos visto que sí, e incluso que las JMJ han ido in crescendo. De su magisterio, ha vuelto a emerger en la JMJ una constante, que es la racionalidad de la fe. La fe no es un sentimentalismo, ni un moralismo; es la respuesta a la búsqueda de la verdad del hombre, con todo lo que eso conlleva. Por tanto, tiene una estructura racional, y tiene capacidad de ser interlocutora del hombre que busca, aunque no sea creyente.

-Los "indignados" y la JMJ


-Los "indignados" son el testimonio de que muchos jóvenes están perdidos.
Habla Eric Jacquine, responsable de la Sección Jóvenes del Pontificio Consejo para los Laicos.

El ingeniero de la visita del Papa

Eric Jacquinet, de 48 años, es miembro de la Comunidad del Emmanuel, agrupación de católicos perteneciente al movimiento de Renovación Carismática. Lleva desde 2008 al frente de la Sección Jóvenes del Pontificio Consejo para los Laicos, el organismo donde se «cocinan» las JMJ. Licenciado en Ingeniería y Teología, antes de desembarcar en Roma fue párroco en una iglesia de Lyon. Allí se curtió en la pastoral juvenil con los jóvenes.
El peso de la organización de la JMJ se ha repartido entre el Vaticano y Madrid. En nuestro país el principal responsable ha sido Yago de la Cierva mientras que en la Santa Sede su homólogo ha sido Eric Jacquinet. Quien propone a Cristo como solución a la «grave crisis económica y moral» que sufre nuestra sociedad.
–¿Qué le diría a un joven español que se ha olvidado de Cristo?
–Le diría que debe pensar bien en el modo de construir su vida. Ésta se construye a través de momentos en los que pensamos y nos sentamos con otros para ver cuál es nuestro deseo de fondo. ¿Cuál es realmente? La JMJ, junto a tantos otros lugares en la Iglesia, es un modo para afrontar estas preguntas. Veo a muchos jóvenes perdidos y los «indignados» son el testimonio de ello. Nos enfrentamos a una grave crisis económica y moral en España y en otros países y debemos juntarnos para ver cómo seguir adelante. Éste es el fondo de la propuesta del Santo Padre. Él no hace una gran fiesta para los jóvenes por gusto, lo que hace es preocuparse por los jóvenes que necesitan encontrar su camino.
–¿Por qué Jesús puede ser la respuesta para la situación que viven los jóvenes?
–Sé que la situación es difícil. Y sé que la fe en Cristo es la solución. No se trata de una respuesta mística, fuera de la realidad. Si estás enfermo y no hay ningún médico que pueda curarte, Cristo está contigo. Yo mismo he vivido esta experiencia. Aunque no haya contratos hoy en España y en otros países europeos sí que hay trabajo. Siempre hay gente que nos necesita.
–¿Cómo explica que países como España hayan llegado a esta situación en la que los jóvenes no parecen tener futuro?
–Una de las grandes preocupaciones de Benedicto XVI es la falta de Dios en el ambiente europeo. Este drama es la causa de todos los males de la sociedad en Europa. El problema de España no es sólo el desempleo, es un problema de sociedad. Poco a poco Cristo dará fuerzas, como lo ha hecho en otros momentos, como ocurrió en Polonia en los años 80, cuando los ciudadanos encontraron la fuerza para librarse de los políticos que no buscaban el bien de todos. La fuerza es del pueblo y si se trabaja con Dios, la sociedad será capaz de encontrar dentro de ella a las personas que la guíen con sabiduría. Cuando se lee la historia de los últimos 20 siglos de los países europeos, se ve que la acogida del Evangelio ha ayudado al crecimiento social, cultural y también económico. Hay un mapa del cristianismo y un mapa de los países desarrollados que se superponen. El Evangelio es una herramienta de desarrollo económico y cultural de la sociedad.
–¿Piensa que participar en la JMJ puede haber cambiado la vida de muchos jóvenes?
–Muchos me han dicho que ha sido una etapa fundamental. Hay quien dice que la JMJ es sólo un evento. Hay que recordar que el encuentro de los discípulos de Emaús también fue sólo un evento y cambió sus vidas. Igual ocurre al encontrar a Jesús a través del Evangelio: puede cambiar tu vida. No es algo automático ni inmediato, pero sucede. Juan Pablo II definía la JMJ como un encuentro con Cristo en la Iglesia. Es una peregrinación en la que juntos rezamos y escuchamos la palabra de Dios. El corazón se abre en el encuentro con los demás.
–¿Piensa que la JMJ marcará un punto de inflexión en la crisis vocacional de Occidente?
–Las JMJ precedentes ayudaron al crecimiento de vocaciones religiosas. Muchos sacerdotes dicen que para ellos participar en una JMJ fue una etapa importante en su proceso de decisión.

viernes, 2 de septiembre de 2011

-Cada uno tiene que ver cuál es su vocación

Entrevista a Kiko Argüello, tras la JMJ
«Cada uno tiene que ver cuál es su vocación»
Kiko Argüello, iniciador del Camino Neocatecumenal junto a Carmen Hernández, habla para Alfa y Omega, tras la JMJ en Madrid y el encuentro vocacional celebrado el 22 de agosto, en Cibeles. El pintor leonés cuenta cómo el impulso vocacional que han mostrado miles de jóvenes, en estos días, surge de vivir la fe en comunidad, y ahora, ha de discernirse la autenticidad de esta llamada


Kiko Argüello se dirige a los jóvenes,
en el encuentro vocacional de Cibeles
La JMJ ya ha pasado, y nos ha quedado el mensaje del Papa. ¿Con qué se queda de esta Visita del Santo Padre y de su mensaje a los jóvenes?
Para mí, lo más importante ha sido ver a tantos jóvenes con un espíritu abierto y maravilloso, que han soportado horas de calor sin una crítica o una queja. Nos ha dejado sorprendidos. En el Camino tenemos unos jóvenes estupendos, pero este encuentro nos ha hecho ver que no somos los únicos. Hoy está creciendo una juventud nueva. Dios está haciendo una nueva generación de jóvenes con una enorme educación.
El Papa ha sido maravilloso con su dulzura, su ternura, su humildad y su palabra profundamente iluminada. Todo esto nos ha dejado una impronta sorprendente. Todos hemos recibido esto como una sorpresa.

El domingo 22 de agosto, en Cibeles, 5.000 chicos y 3.200 chicas se han levantado para el sacerdocio y la vida consagrada y misionera respectivamente. ¿Qué ocurre con estos chicos y chicas ahora?
Hace falta comprender que estos chicos no se han levantado por la euforia. Detrás de cada uno hay una comunidad cristiana de 40 ó 50 hermanos, donde todos le conocen y viven con él la fe. Ahora, a la vuelta, todos les preguntarán: ¿Cómo te ha llamado el Señor?, de tal forma que su estar en la comunidad y en la parroquia queda ya marcado por la llamada que han recibido. Por otro lado, tenemos centros vocacionales que son dirigidos por un sacerdote junto a un equipo. En ellos, se les pregunta cómo están y empiezan un proceso de maduración vocacional. Hay que ver quién puede entrar en un seminario o quién ser monje o religioso. Hay que ver cuál es la vocación de cada uno, los estudios que tiene cada uno, etc. En su mayoría son chicos muy jóvenes, de 15 ó 17 años, fruto de familias numerosas, por lo que falta que completen sus estudios para poder entrar en un seminario.
El Camino ha ayudado a formar en las diócesis seminarios misioneros. Cuando estos chicos están maduros para entrar en uno -según lo que ven sus catequistas y el equipo del centro vocacional-, les reunimos en Porto San Giorgio (Italia), donde les invitamos a ser enviados a cualquier parte del mundo. La mayoría de estos chicos que se levantan en los encuentros entran en el seminario, no es algo ficticio. Ellos saben que levantarse es algo muy serio, que significa mucho frente a la familia, la parroquia y la propia comunidad cristiana.

El Papa ha dicho: «No se puede seguir a Jesús en solitario». El Camino Neocatecumenal es un itinerario para madurar la fe en comunidad. ¿De qué manera se vive en esta iniciación cristiana?
Uno de los dones más grandes que ha recibido el Camino de la Santa Virgen María es que nos ha inspirado que «hay que hacer comunidades cristianas como la Sagrada Familia de Nazaret», donde vivamos nuestra fe en humildad, sencillez y alabanza, donde el otro es Cristo. Vivir la fe en una comunidad cristiana es algo impresionante. Cristo ha dicho: Amaos, pero no se puede amar si no se conoce a alguien. Llegar a una estatura de fe en la cual podamos amar al otro en la dimensión del enemigo, cuando el otro te destruye o te fastidia, sólo se puede vivir gracias a que Dios nos da de su naturaleza, la gracia del Espíritu Santo que habita en nosotros. La comunidad es como un espejo que te pone frente a tu estatura de fe, puesto que siempre se verifica la dificultad que tenemos de amar al otro cuando es molesto y nos destruye. No obstante, a los hermanos que están en la comunidad no les hemos elegido nosotros; somos conscientes de que nos los da el Señor para ayudarnos a crecer en la fe. Así, los hermanos en la comunidad nos ayudan a descubrir nuestro hombre viejo; y tenemos la experiencia de que, en las escaleras de este Bautismo, desciende el Señor con nosotros. Por eso, lo que nos une no es que somos de un club ni que somos amigos, sino una nueva relación de amor.


Un momento del encuentro de Cibeles.
(Foto: Tecnofotos)
¿Cómo participa el Camino en la nueva evangelización?
El Camino está llevando adelante la nueva evangelización en zonas completamente paganas, donde en muchas partes la gente no está bautizada. Allí no comenzamos por un templo o una iglesia, porque la gente está muy secularizada, sino que comenzamos por una comunidad cristiana con una fe adulta, que ha terminado el itinerario neocatecumenal y que tiene la misión de mostrar, junto con su presbítero, el amor en la dimensión de la cruz -Como yo os he amado, que dice Jesucristo-. La comunidad cristiana salva a la familia y la familia salva a la Iglesia. Los paganos nos miran sorprendidos, porque les llama la atención cómo nos relacionamos entre nosotros y cómo nos amamos. Quisieran tener ese amor, porque la gente intenta amar pero no puede o no sabe. Esta relación es fruto del Espíritu Santo. La acción del Espíritu Santo es el amor visible, y en este amor los paganos conocerán que somos discípulos de Cristo; si somos perfectamente uno en este espíritu -ha dicho el Señor-, los paganos creerán. «Amaos como yo os he amado, en este amor conocerán que soís mis discípulos y si sois perfectamente uno, el mundo creerá», dice Cristo a sus discípulos en el Evangelio.

¿Sabe si ha tenido noticia el Papa del éxito de este encuentro vocacional, los frutos inmediatos de la JMJ de Madrid 2011?
Sí, ha tenido noticias. El Papa, todos los veranos, tiene un encuentro de tres días en Castelgandolfo con sus antiguos alumnos. En esta ocasión, ha tenido como tema la nueva evangelización, y la catequista itinerante responsable del Camino en Alemania ha estado presente. Nos ha contado que, este pasado domingo, el Papa al hablar de la JMJ y de lo contento que estaba, les dio a todos la noticia de que 300 mil jóvenes del Camino participaron en un encuentro vocacional tras su regreso a Roma y nombrándome dijo que yo, lleno de fervor y entusiasmo, invité a los jóvenes a ofrecer su vida a Jesucristo y se levantaron 5.000 chicos y 3.200 chicas.
Juan Ignacio Merino
John Vincent Portugal, 22 años, Manila (Filipinas)
«El Señor pasó y me llamó»

John Vincent es uno de los 5.000 chicos que sintieron la llamada al sacerdocio tras la Visita del Santo Padre. John es natural de Manila (Filipinas), ha estudiado Filosofía y llevaba tiempo descubriendo esta llamada del Señor. «Estoy muy contento de haber venido a España a la JMJ; venía con la esperanza de encontrarme con Jesucristo y redescubrir mi vocación», afirma. Y parece que así ha ocurrido. A este joven filipino de 22 años le ha conmovido la hospitalidad que le han ofrecido en la parroquia de San Isidro Labrador, de Carabanchel. «Por ellos he experimentado el amor de Dios hacia mí», asegura. Además, le ha dado mucha alegría ver a jóvenes de tantos países, lo que le hace pensar: «Hay muchísimos que estamos locos por Jesucristo».
John procede de una realidad donde la pobreza es muy palpable. Aunque su familia no vive en una situación desfavorable, sostiene que durante un tiempo se ha escandalizado de la pobreza: «Siempre he escapado de esta situación, me emborrachaba e iba con compañeros malos, pero el Señor ha tenido misericordia de mí, y me ha llamado para ser sacerdote». Durante el encuentro vocacional en Cibeles, sintió fuertemente la llamada: «El Señor pasó y me llamó a pesar de mis pecados. A mí, que me he escandalizado de la pobreza, el Señor me llama a dejar todo. Yo no sé nada, lo que sé es que el Señor me llama».
Blanca Iris Ojeda, 28 años, Villavicenzo (Colombia)
«Él es el verdadero amor»

Durante el encuentro vocacional del 22 de agosto en Madrid, Kiko Argüello informó de que más de 40 mil chicas del Camino ya han ingresado en conventos o monasterios entregando sus vidas, a través de la consagración. Blanca Iris Ojeda puede ser una de estas chicas que consagre su vida al Señor, ya que es una de las 3.200 chicas que dieron un al Señor, el pasado 22 de agosto, en Cibeles.
Blanca, de 28 años, vino a Madrid con un grupo de Villavicenzo (Colombia) a la JMJ, realizando la evangelización por las calles de Chipiona (Cádiz), y está agradecida por todo lo que ha recibido. «Ha sido una gracia poder estar en la JMJ, he podido experimentar el amor, la misericordia que Dios ha tenido conmigo», comenta. Blanca es ingeniera técnica ambiental y ha trabajado desde muy joven. Se sentía vacía e insatisfecha tras no haber encontrado la plenitud, ni en el afecto de sus padres, ni en los chicos ni en los estudios.
Esta joven colombiana ha visto, de forma más clara, la vocación a la vida consagrada, en el encuentro vocacional; asegura que sería muy egoísta si no daba una respuesta a esta llamada: «El Señor me ha confirmado que me ama, que Él es el verdadero amor, y que nadie me ama así; Él me ha dado la paz, la tranquilidad, la libertad, aunque tenga luchas y sufrimiento, pero con Él me siento respetada, valorada, amada», afirma con rotundidad Blanca. Ahora se siente contenta y muestra su disponibilidad a la Iglesia. Durante un tiempo, con la oración y los sacramentos, con la ayuda de su comunidad neocatecumenal, de un sacerdote y de los catequistas que reúnen con frecuencia a las chicas que han sentido la vocación, Blanca discernirá dónde quiere el Señor desposarse con ella.
Don Miguel Ángel Turmo, responsable del Centro Vocacional del Camino Neocatecumenal, en Madrid
Una ayuda para el discernimiento vocacional

Tras ver los primeros frutos vocacionales de la JMJ, surge la pregunta: ¿Qué pasa después? ¿Cómo se canaliza todo ese potencial vocacional para que ese impulso inicial llegue a término? Ésta es la tarea del padre Miguel Ángel Turmo, párroco de la madrileña iglesia de San José y responsable del Centro Vocacional del Camino Neocatecumenal de Madrid. Esta iniciación cristiana tiene, en las diócesis donde está implantada, un centro vocacional conducido por un equipo con experiencia vocacional, formado por un responsable sacerdote acompañado de otro presbítero o matrimonio catequista. Este equipo se reúne con los jóvenes tres domingos al mes, ayudando a discernir la llamada al sacerdocio. «Se trata de acompañar y ayudar a los jóvenes en el discernimiento vocacional para que, descubriendo en su vida cuál es la voluntad de Dios, reciban de Él la fuerza para realizarla», afirma.
A través de la profundización en la palabra de Dios, escrutando textos referidos a su llamada, compartiendo la vida y la oración con futuros compañeros en el Seminario Redemptoris Mater de Madrid, con la celebración de la Eucaristía intensamente participada, se crea un espíritu de comunión y de ayuda mutua durante el tiempo de discernimiento. «Las entrevistas personales con el equipo responsable, la vivencia profunda con la propia comunidad donde viven su fe y una intensificación de la oración y los sacramentos, como puerta abierta al encuentro personal con Jesús, complementan esta labor de apoyo y discernimiento», reitera don Miguel Ángel. Y si se vislumbra la autenticidad de la llamada y el joven muestra disponibilidad a formar parte de uno de los 78 Seminarios Redemptoris Mater diseminados por todo el mundo, es enviado a una convivencia internacional de seminaristas, que suele celebrarse a mediados de septiembre en Porto San Giorgio (Italia), donde será enviado a uno de esos 78 seminarios. «Y allá los jóvenes van contentos y esperanzados», afirma el padre Miguel Ángel.
Alfa y Omega > Nº 749 / 1-IX-2011 > JMJ 2011

lunes, 29 de agosto de 2011

-Cristo sí, Iglesia también

Las cosas nunca suelen pasar por casualidad. Al menos las que son verdaderamente importantes. Suele haber siempre un plan, bueno o malo, detrás de ellas. Hace años se lanzó un eslogan –“Cristo sí, Iglesia no”- que tenía como objetivo separar a los católicos de la Iglesia. El motivo era hacerles más frágiles, tanto en su fe como en su formación. Muchos se adhirieron a aquella propuesta y era frecuente oír decir eso de “yo soy católico como el que más, pero no quiero saber nada con los curas”.
La consecuencia es hoy bien visible: una amplia multitud de bautizados que están sumergidos en el relativismo y que sólo mantienen una relación con Dios más o menos sentimental. Esta inmensa mayoría es fácilmente manipulable y no duda en seguir al político demagogo de turno antes que a sus pastores, los obispos o el Papa.
Benedicto XVI ha querido que su último mensaje en la Jornada Mundial de la Juventud estuviera dedicado a este asunto, prueba evidente de la importancia que le da al mismo. Si empezó pidiendo a los jóvenes que no se avergonzaran de Cristo, ha terminado diciéndoles que es imposible seguir al Señor fuera de la Iglesia. Para añadir –al hilo de las lecturas del domingo en que tenía lugar la clausura de la JMJ- que esa comunión con la Iglesia sólo era completa cuando se estaba en comunión con Pedro, con el Vicario de Cristo, con el Papa. Todo lo demás es retórica, es falacia, es hacerle el caldo gordo al enemigo.
Después de esto, naturalmente, el Papa ha enviado a los jóvenes a evangelizar, a ser esperanza para un mundo que se les cae encima. Un mundo que les decepciona tras haberles prometido el paraíso en la tierra, la felicidad plena. Ese mundo idílico, ese “Estado del bienestar” en el que los hombres ya no añorarían el cielo eterno y no necesitarían a Dios, se les muestra a los jóvenes como una farsa, una burla, una amarga y cruel decepción. No tienen trabajo, no tienen esperanza, no tienen dinero y, los que aún lo tienen, tampoco encuentran en el gasto y la fiesta permanente la plenitud que buscan. Pero ahí están, o deben estar los jóvenes católicos, para ser testigos de esperanza, de que sí hay futuro cuando éste está basado y enraizado en Cristo.
Por último, el Papa les ha dicho otra cosa: vuestro mundo es más difícil que el de vuestros padres. Por eso, les ha aconsejado, necesitáis tener una ayuda que ellos no necesitaron tanto. No sólo no se puede “ir por libre” fuera de la Iglesia, sino que ni siquiera dentro de ella puede un joven de hoy subsistir a los ataques del mundo sin formar parte de una comunidad viva –sea un movimiento de espiritualidad o una parroquia-, en la que alimente su fe y forme su intelecto para dar razones a los que le pregunta.
El Papa ha terminado su tarea. La JMJ ha acabado. Ahora empieza la misión. La gracia de Dios siempre está y siempre podemos contar con ella. Depende, pues, de nuestra correspondencia a la misma el éxito o el fracaso de lo que el Pontífice, tan sabiamente, ha planteado estos días.

Santiago Martín, sacerdote y escritor español, nació el 24 de febrero de 1954, en Vallecas, un barrio valiente y luchador por naturaleza, donde se forjaron muchos sacerdotes en la defensa de los derechos humanos y la democracia. Hijo de una familia de clase media, estudió Biología, Teología Moral y Periodismo en Madrid. Su popularidad llegó con un programa en Televisión Española, “Testimonio”.

- Hay esperanza


Ayer escuché el testimonio de una joven boliviana que decía que ella se arrodillaba sólo ante Cristo –y no ante ningún líder político, incluido Evo- porque sólo Él se había dejado coronar de espinas por amor a ella. Después oí a un joven panameño, que contaba cómo sus amigos le habían dejado de invitar a las fiestas tras su encuentro con Cristo, lo duro que le resultó y la opción que hizo por asumir ese tipo de nuevo martirio. Más tarde vino el testimonio de un muchacho polaco que había logrado salir del nihilismo, de la apatía, y había recuperado la fe de sus mayores gracias a unos buenos amigos.
Llevo así varios días, dejándome catequizar por jóvenes de distintos países, lenguas, culturas y colores que han venido a Madrid a poner en común no sólo su experiencia de fe –tan ejemplar en un mundo que se les ha vuelto especialmente hostil- sino sobre todo su esperanza. Ellos no sólo creen en Dios, sino que están convencidos de que este mundo que se cae a pedazos a su alrededor tiene solución y que esa solución pasa por Cristo. Estos jóvenes que llenan Madrid son, ciertamente, el corazón y el orgullo de la Iglesia. Pero son también la esperanza del mundo, la esperanza de una sociedad que los ha maltratado, los ha acosado y que, sin embargo, ahora se empieza a dar cuenta de que los necesita. Sin ellos, sin el Dios que les sostiene, no hay futuro.
Santiago Martín, sacerdote y escritor español, nació el 24 de febrero de 1954, en Vallecas, un barrio valiente y luchador por naturaleza, donde se forjaron muchos sacerdotes en la defensa de los derechos humanos y la democracia. Hijo de una familia de clase media, estudió Biología, Teología Moral y Periodismo en Madrid. Su popularidad llegó con un programa en Televisión Española, “Testimonio”.