viernes, 24 de febrero de 2012

-El Papa nos habla de la cuaresma


el Papa hizo este miércoles una meditación sobre el significado del tiempo cuaresmal, que empieza ahora:
…”la Cuaresma tiene el propósito de facilitar un camino de renovación espiritual.”
…”en estos cuarenta días que nos llevarán a la Pascua de Resurrección, podemos encontrar un nuevo valor para aceptar con paciencia y con fe cada situación de dificultad, de aflicción y de prueba, conscientes de que de las tinieblas el Señor hará surgir el día nuevo. Y si hemos sido fieles a Jesús y siguiéndolo por el camino de la cruz, el mundo luminoso de Dios, el mundo de la luz, de la verdad y de la alegría se nos devolverá: será el nuevo amanecer creado por Dios mismo. “
…”Este número no es un tiempo cronológico exacto. Más bien indica una perseverancia paciente, una larga prueba, un periodo suficiente para ver las obras de Dios, un tiempo en el que es necesario decidirse y asumir las propias responsabilidades, sin dilaciones adicionales. Es el tiempo de las decisiones maduras.”

Me gustaría detenerme brevemente sobre el tiempo de Cuaresma… Es un viaje de cuarenta días que nos llevará al Triduo Pascual, memoria de la pasión, muerte y resurrección del Señor, corazón del misterio de nuestra salvación. En los primeros siglos de vida de la Iglesia, este era el momento en que los que habían oído y aceptado el mensaje de Cristo empezaban, paso a paso, su camino de fe y de conversión para llegar a recibir el sacramento del bautismo. Se trataba de un acercamiento al Dios vivo y de una iniciación a la fe que se realizaba gradualmente, mediante un cambio interior de parte de los catecúmenos, es decir, de aquellos que querían ser cristianos y ser incorporados a Cristo en la Iglesia.
Posteriormente, también los penitentes, y luego todos los fieles, fueron invitados a experimentar este camino de renovación espiritual, para conformar más la propia existencia a la de Cristo. La participación de toda la comunidad en las diferentes etapas del camino de la Cuaresma, enfatiza una dimensión importante de la espiritualidad cristiana: es la redención no de algunos, sino de todos, al estar disponible gracias a la muerte y resurrección de Cristo. Por lo tanto, tanto los que recorrían un viaje de fe como catecúmenos para recibir el bautismo, como los que se habían alejado de Dios y de la comunidad de fe y buscaban la reconciliación, o los que vivían su fe en plena comunión con la Iglesia, todos juntos sabían que el tiempo antes de la Pascua era un tiempo de metanoia, es decir, de cambio interior, de arrepentimiento; tiempo que identifica nuestra vida humana y toda nuestra historia como un proceso de conversión que se pone en marcha ahora para encontrar al Señor al final de los tiempos.
… Es un viaje de cuarenta días… Cuarenta es, de hecho, el número simbólico con el que el Antiguo y el Nuevo Testamento representan los aspectos más destacados de la experiencia de fe del Pueblo de Dios. Es una cifra que expresa el tiempo de la espera, de la purificación, de la vuelta al Señor, de la conciencia de que Dios es fiel a sus promesas. Este número no es un tiempo cronológico exacto, dividido por la suma de los días. Más bien indica una perseverancia paciente, una larga prueba, un periodo suficiente para ver las obras de Dios, un tiempo en el que es necesario decidirse y asumir las propias responsabilidades, sin dilaciones adicionales. Es el tiempo de las decisiones maduras.
…En el Nuevo Testamento Jesús, antes de comenzar su vida pública, se retira al desierto durante cuarenta días sin comer ni beber (Mt. 4,2): se alimenta de la palabra de Dios, que utiliza como un arma para vencer al diablo. Las tentaciones de Jesús recuerdan aquello que el pueblo judío afrontó en el desierto, pero que no supo vencer. Cuarenta son los días en que Jesús resucitado instruye a los suyos, antes de ascender al cielo y enviar el Espíritu Santo (Hch. 1,3).
Con este recurrente número de cuarenta está descrito un contexto espiritual que se mantiene actual y válido, y la Iglesia, precisamente a través del periodo cuaresmal, intenta mantener el valor permanente y hacernos actual la eficacia. La liturgia cristiana de la Cuaresma tiene el propósito de facilitar un camino de renovación espiritual, a la luz de esta larga experiencia bíblica y, sobre todo, para aprender a imitar a Jesús, que en los cuarenta días pasados en el desierto enseñó a vencer la tentación con la Palabra de Dios. Los cuarenta años de la peregrinación de Israel en el desierto tienen actitudes y situaciones ambivalentes. Por un lado son la temporada del primer amor con Dios y entre Dios y su pueblo, cuando les hablaba al corazón, señalándoles siempre el camino a seguir. Dios se había hecho, por así decirlo, casa en medio de Israel, lo precedía en una nube o en una columna de fuego, proveía todos los días la comida haciendo bajar el maná, y haciendo surgir el agua de la roca. Por lo tanto, los años pasados por Israel en el desierto se pueden ver como el tiempo de la elección especial de Dios y de la adhesión a Él por parte del pueblo: el tiempo del primer amor. Por otro lado, la Biblia también muestra otra imagen de la peregrinación de Israel en el desierto: es también el tiempo de las tentaciones y de los mayores peligros, cuando Israel murmura contra su Dios y quisiera regresar al paganismo y se construye sus propios ídolos, porque ve la necesidad de adorar a un Dios más cercano y tangible. Es también el tiempo de la rebelión contra el Dios grande e invisible.
Esta ambivalencia, tiempo de la especial cercanía de Dios –tiempo del primer amor–, y tiempo de la tentación –la tentación de volver al paganismo–, la reencontramos en modo sorprendente en el camino terrenal de Jesús, por supuesto que sin ningún tipo de compromiso con el pecado. Después del bautismo de penitencia en el Jordán, en el que asume sobre sí el destino del Siervo de Dios que se sacrifica a sí mismo y vive para los demás y se coloca entre los pecadores, para tomar sobre sí los pecados del mundo, Jesús va al desierto por cuarenta días para estar en unión profunda con el Padre, repitiendo así la historia de Israel, todos aquellos ritmos de cuarenta días o años a los que me he referido. Esta dinámica es una constante en la vida terrenal de Jesús, que busca siempre momentos de soledad para orar a su Padre y permanecer en íntima soledad con Él, en exclusiva comunión con él, y luego volver en medio de la gente. Pero en este tiempo de “desierto” y de encuentro especial con el Padre, Jesús está expuesto al peligro y se ve asaltado por la tentación y la seducción del Maligno, que le ofrece otro camino mesiánico, lejos del plan de Dios, por que pasa a través del poder, el éxito, el dominio y no a través de la entrega total en la Cruz. Esta es la disyuntiva: un poder mesiánico, de éxito, o un mesianismo de amor, de don de sí.
Esta ambivalencia describe también la condición de la Iglesia peregrina en el “desierto” del mundo y de la historia. En este “desierto”, ciertamente los creyentes tenemos la oportunidad de vivir una profunda experiencia de Dios que hace fuerte el espíritu, confirma la fe, nutre la esperanza, anima la caridad; una experiencia que nos hace partícipes de la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte por el sacrificio de amor en la Cruz. Pero el “desierto” es también el aspecto negativo de la realidad que nos rodea: la aridez, la pobreza de palabras de vida y de valores, el secularismo y la cultura materialista, que encierran a la persona en el horizonte mundano del existir, sustrayéndole toda referencia a la trascendencia. Es este también el ambiente en el que el cielo sobre nosotros es oscuro, porque está cubierto por las nubes del egoísmo, de la incomprensión y del engaño. A pesar de esto, incluso para la Iglesia de hoy, el tiempo del desierto puede transformarse en un tiempo de gracia, porque tenemos la certeza de que incluso de la roca más dura, Dios puede hacer brotar el agua viva que refresca y restaura.
Queridos hermanos y hermanas, en estos cuarenta días que nos llevarán a la Pascua de Resurrección, podemos encontrar un nuevo valor para aceptar con paciencia y con fe cada situación de dificultad, de aflicción y de prueba, conscientes de que de las tinieblas el Señor hará surgir el día nuevo. Y si hemos sido fieles a Jesús y siguiéndolo por el camino de la cruz, el mundo luminoso de Dios, el mundo de la luz, de la verdad y de la alegría se nos devolverá: será el nuevo amanecer creado por Dios mismo. ¡Buen camino de Cuaresma a todos!

jueves, 5 de enero de 2012

-Catequesis del Camino

CATEQUESIS PARA JOVENES Y ADULTOS

El próximo día 9 de enero 2012, lunes, comienza en nuestra parroquia una nueva catequización de jóvenes y adultos.
Cristo nos llama a todos. Nada menos que el Hijo de Dios nos invita a vivir el autentico amor, a experimentar el auténtico perdón y, en definitiva, a vivir todas las cosas nuevas en ÉL. Por, eso os animamos a decir sí a esta invitación.

Las catequesis se impartirán en las Salas Parroquiales
C. Sant Pere Màrti,5- GRÀCIA – BARCELONA
TELÉF: 93 218 75 72
A partir del DIA 9 de enero, todos los lunes y jueves, a las 20,30 h.


SI EL HIJO DEL ALTISIMO SE HA HECHO UNO CON NOSOTROS Y SI A PESAR DE ELLO TIENES ALGUN AMIGO, PARIENTE, ETC., INMERSO EN LA TRISTEZA, DESESPERANZA...., INVITALE LE ESPERAMOS

 SOMOS PORTADORES DE UNA  BUENA NOTICIA...
"JESUSCRISTO, TIENE PODER PARA SACARLE DE ESTA SITUACIÓN”
!! ANIMO !!

martes, 27 de diciembre de 2011

-viernes, Fiesta de la Familia Cristiana


Fiesta de la familia cristiana, viernes 30 diciembre
Acudir el viernes a Madrid, «para dar gracias a Dios por el don de la familia cristiana», pero también para pedir apoyo a la institución familiar.

Los obispos españoles reclaman al Gobierno y las administraciones políticas familiares

«Una necesidad urgente es promover la natalidad, porque una sociedad que no transmite la vida ya ha fracasado», propone el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández. «Hay que empezar por ayudar a las embarazadas, y también a las familias numerosas. Tiene que haber alternativas que no sean el aborto. Deseo la abolición total del aborto. Y que se respete el derecho de los padres a educar a sus hijos. Si el nuevo Gobierno colabora en eso, tendrá mis simpatías», añade.
En la misma línea se expresa el obispo de Logroño, Juan José Omella. «La regeneración social no pasa sólo por la economía, sino por la educación en valores; y la familia, la escuela y la Iglesia pueden hacer mucho si se ponen de acuerdo. Hoy algunas asignaturas proponen contravalores. Si Educación para la Ciudadanía enseñase la Constitución, vale; pero al meterse en temas morales, propios de los padres, impone los valores del poder político. Es un estatalismo gravísimo».
«A las administraciones yo les pediría tres cosas», enumera el obispo de Tarrasa, José Ángel Sáiz. «Primero, que sean conscientes de la importancia de la familia como célula primaria de la sociedad; segundo, que se comprometan a promover y defender la familia en coherencia con los valores cristianos y, en tercer lugar, les pido políticas concretas que faciliten la vida familiar».
Natalidad y mundo rural
El obispo de Ciudad Rodrigo, Raúl Berzosa, considera que muchos políticos del ámbito rural pueden tener las ideas más claras que los de ciudad: «En el mundo rural, despoblado, los políticos se plantean cómo repoblar los territorios, y están obligados a tener visión de familia si no quieren que el campo desaparezca. De la necesidad hacen virtud». El obispo Berzosa recuerda que «los políticos también viven en familia, y saben que una de las soluciones de la crisis es el apoyo familiar, que es económico, afectivo e incluso ayuda a crear empleo. Sin la familia, ¿a qué nos agarraremos?». Por su parte, el arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol, se muestra convencido de que «lo peor de estos últimos años ha sido aprobar la nueva Ley del Aborto», aunque constata que «mucha gente ha cobrado conciencia de la defensa de la vida y la familia estos años». También él pide defender «el matrimonio entre hombre y mujer y el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones»
Pablo. J. Ginés / La Razón

-los jóvenes dan gracias por sus padres


"El encuentro de este año quiere girar en torno a la gratitud de jóvenes hacia sus padres".

Carta del cardenal Rouco con motivo de la Misa de las Familias

Un año más las fiestas de navidad nos invitan a la alegría de la Salvación que nos trae Jesucristo, el Hijo de Dios e Hijo de María. Su nacimiento en el seno de una familia nos ayuda a valorara esta instituciones establecida por Dios en el mismo acto de la creación del hombre y de la mujer, llamados a ser una sola carne ya colaborar con Dios en la procreación de nuevos seres humanos. Al nacer en una familia, el Hijo de Dios la santificó de modo especial y la convirtió en el lugar idóneo donde el hombre s amado por si mismo y respetado como criatura de Dios e Hijo suyo. Por ello, como venimos haciendo en años anteriores, queremos dar gracias a Dios por el donde la familia y festejarlo en una solemne celebración eucarística, que tendrá lugar el mismo día de la Sagrada Familia, 30 de diciembre.
No podemos olvidar que este año, la fiesta de la Sagrada Familia se celebra después de la inolvidable experiencia d ella Jornada Mundial d ella Juventud, que trajo a Madrid alrededor de dos millones de jóvenes, que constituyen una realidad esperanzadora para la Iglesia y la sociedad. La mayoría de ellos serán llamados a fundar nuevas familias cristianas que llenarán de alegría a la iglesia de Cristo. El encuentro de este año quiere girar precisamente en torno a la gratitud de jóvenes hacia sus padres, que les dieron la vida y les trasmitieron la fe en Cristo, Redentor del hombre. Honrar al padre y a la madre es un mandamiento del Señor, que nos urge, no sólo al respeto y al a obediencia hacia los padres, sino más aún: a la inmensa gratitud por los dones que de ellos hemos recibido, y que los convierte en signos del amor creador y benevolente de Dios, nuestro Padre del cielo.
Vuestra presencia en esta celebración eucarística quiere ser un gesto profundamente eclesial en el que ella familia de Dios, la Iglesia, sea para todos los hombres que desean vivir los valores de la familia cristiana, una referencia segura de la verdad sobre el amor humano, el matrimonio y la educación de las nuevas generaciones según el evangelio de Cristo. Os exhorto a participar en esta fiesta solemne de fe  y de vida cristiana, y, de modo particular, exhorto a los jóvenes a dar testimonio de su fe y de la vida familiar, juntamente con los jóvenes de Europa que se unirán a nosotros en esta celebración.
Que la Sagrada Familia, Jesús, María y José, bendiga a todas las familias y os mantenga unidas en el mismo amor que hizo de ella el modelo perfecto de convivencia, trabajo y virtudes domésticas.

-Jesús cura el mal profundo del hombre y la historia


Jesús vino “para salvarnos sobre todo del mal profundo arraigado en el hombre y la historia: ese mal de la separación de Dios, del orgullo presuntuoso de actuar por sí solo, del ocupar su puesto, del decidir lo que es bueno y es malo, del ser el dueño de la vida y de la muerte”.
Este es el gran mal, el gran pecado, del cual nosotros los hombres no podemos salvarnos si no es encomendándonos a la ayuda de Dios, si no es implorándole: ven a salvarnos”
El centro del mensaje papal fue una invitación a poner en primer plano los elementos espirituales de la celebración navideña. Comentando el nombre de “Jesús”, que significa “Salvador”, el Papa afirmó que vino “para salvarnos sobre todo del mal profundo arraigado en el hombre y la historia: ese mal de la separación de Dios, del orgullo presuntuoso de actuar por sí solo, del ocupar su puesto, del decidir lo que es bueno y es malo, del ser el dueño de la vida y de la muerte”.
Este es el gran mal, el gran pecado, del cual nosotros los hombres no podemos salvarnos si no es encomendándonos a la ayuda de Dios, si no es implorándole: ven a salvarnos”

Aquí teneis el texto íntegro del Mensaje de Navidad, esto es lo que dijo el Santo Padre.

Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero:
Cristo nos ha nacido. Gloria a Dios en el cielo, y paz a los hombres que él ama. Que llegue a todos el eco del anuncio de Belén, que la Iglesia católica hace resonar en todos los continentes, más allá de todo confín de nacionalidad, lengua y cultura. El Hijo de la Virgen María ha nacido para todos, es el Salvador de todos.
Así lo invoca una antigua antífona litúrgica: «Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro». Veni ad salvandum nos. Este es el clamor del hombre de todos los tiempos, que siente no saber superar por sí solo las dificultades y peligros. Que necesita poner su mano en otra más grande y fuerte, una mano tendida hacia él desde lo alto. Queridos hermanos y hermanas, esta mano es Cristo, nacido en Belén de la Virgen María. Él es la mano que Dios ha tendido a la humanidad, para hacerla salir de las arenas movedizas del pecado y ponerla en pie sobre la roca, la roca firme de su verdad y de su amor (cf. Sal 40,3).
Sí, esto significa el nombre de aquel niño, el nombre que, por voluntad de Dios, le dieron María y José: se llama Jesús, que significa «Salvador» (cf. Mt 1,21; Lc 1,31). Él fue enviado por Dios Padre para salvarnos sobre todo del mal profundo arraigado en el hombre y en la historia: ese mal de la separación de Dios, del orgullo presuntuoso de actuar por sí solo, del ponerse en concurrencia con Dios y ocupar su puesto, del decidir lo que es bueno y es malo, del ser el dueño de la vida y de la muerte (cf. Gn 3,1-7). Este es el gran mal, el gran pecado, del cual nosotros los hombres no podemos salvarnos si no es encomendándonos a la ayuda de Dios, si no es implorándole: «Veni ad salvandum nos - Ven a salvarnos».
Ya el mero hecho de esta súplica al cielo nos pone en la posición justa, nos adentra en la verdad de nosotros mismos: nosotros, en efecto, somos los que clamaron a Dios y han sido salvados (cf. Est 10,3f [griego]). Dios es el Salvador, nosotros, los que estamos en peligro. Él es el médico, nosotros, los enfermos. Reconocerlo es el primer paso hacia la salvación, hacia la salida del laberinto en el que nosotros mismos nos encerramos con nuestro orgullo. Levantar los ojos al cielo, extender las manos e invocar ayuda, es la vía de salida, siempre y cuando haya Alguien que escucha, y que pueda venir en nuestro auxilio.
Jesucristo es la prueba de que Dios ha escuchado nuestro clamor. Y, no sólo. Dios tiene un amor tan fuerte por nosotros, que no puede permanecer en sí mismo, que sale de sí mismo y viene entre nosotros, compartiendo nuestra condición hasta el final (cf. Ex 3,7-12). La respuesta que Dios ha dado en Jesús al clamor del hombre supera infinitamente nuestras expectativas, llegando a una solidaridad tal, que no puede ser sólo humana, sino divina. Sólo el Dios que es amor y el amor que es Dios podía optar por salvarnos por esta vía, que es sin duda la más larga, pero es la que respeta su verdad y la nuestra: la vía de la reconciliación, el diálogo y la colaboración.
Por tanto, queridos hermanos y hermanas de Roma y de todo el mundo, dirijámonos en esta Navidad 2011 al Niño de Belén, al Hijo de la Virgen María, y digamos: «Ven a salvarnos». Lo reiteramos unidos espiritualmente tantas personas que viven situaciones difíciles, y haciéndonos voz de los que no tienen voz.
Invoquemos juntos el auxilio divino para los pueblos del Cuerno de África, que sufren a causa del hambre y la carestía, a veces agravada por un persistente estado de inseguridad. Que la comunidad internacional no haga faltar su ayuda a los muchos prófugos de esta región, duramente probados en su dignidad.
Que el Señor conceda consuelo a la población del sureste asiático, especialmente de Tailandia y Filipinas, que se encuentran aún en grave situación de dificultad a causa de las recientes inundaciones.
Y que socorra a la humanidad afligida por tantos conflictos que todavía hoy ensangrientan el planeta. Él, que es el Príncipe de la paz, conceda la paz y la estabilidad a la Tierra en la que ha decidido entrar en el mundo, alentando a la reanudación del diálogo entre israelíes y palestinos. Que haga cesar la violencia en Siria, donde ya se ha derramado tanta sangre. Que favorezca la plena reconciliación y la estabilidad en Irak y Afganistán. Que dé un renovado vigor a la construcción del bien común en todos los sectores de la sociedad en los países del norte de África y Oriente Medio.
Que el nacimiento del Salvador afiance las perspectivas de diálogo y la colaboración en Myanmar, en la búsqueda de soluciones compartidas. Que el nacimiento del Redentor asegure estabilidad política en los países de la región africana de los Grandes Lagos y fortalezca el compromiso de los habitantes de Sudán del Sur para proteger los derechos de todos los ciudadanos
Queridos hermanos y hermanas, volvamos la vista a la gruta de Belén: el niño que contemplamos es nuestra salvación. Él ha traído al mundo un mensaje universal de reconciliación y de paz. Abrámosle nuestros corazones, démosle la bienvenida en nuestras vidas. Repitámosle con confianza y esperanza: «Veni ad salvandum nos».

-Cinco pasos para vivir el Evangelio


El Papa ha descrito un nuevo modo de ser cristiano

“Cinco pasos para relanzar el anuncio del Evangelio en Europa”: es la propuesta delineada por Benedicto XVI que ha tenido una amplia resonancia en todo el mundo.
Para resolver el problema de la crisis de la Iglesia en el viejo continente, cuyo núcleo “es la crisis de la fe”, Benedicto XVI ha descrito “un nuevo modo, renovado, de ser cristiano”, trazando cinco caminos a seguir, cinco indicaciones “para entender qué cosa anunciar (y cómo), a un mundo que parece “cansado” y “aburrido” de ser cristiano,.
También este año el papa, ante la proximidad de la Navidad, “nos ha dicho algo bello, importante y alentador”, afirma el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, “y lo ha hecho teniendo como escenario este tiempo de crisis que él cree que es, con razón, no solo económica, sino profundamente moral, cultural y espiritual”.
La reflexión del Papa se ha centrado también en una de las experiencias “que más le ha impresionado el año pasado: la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid”, que ha puesto en evidencia que el primer paso a seguir es, ante todo, “una nueva experiencia de la catolicidad, de la universalidad de la Iglesia”.
Comprender que todos somos hermanos y hermanas, y que “no es solo una idea, sino una experiencia”, nos debe llevar a la belleza de vivir para el otro: “el tiempo y la vida encuentran su sentido cuando ambos son donados, y no cuando son retenidos para uno mismo..
A partir de esta toma de conciencia, se debe continuar el camino señalado por Benedicto XVI, en el cual, paso a paso, redescubrimos la adoración: “acto de fe ante Cristo resucitado presente entre nosotros, por nosotros y con nosotros en la Eucaristía” y aún más, el perdón de Dios a través del sacramento de la Penitencia “para contrarrestar continuamente nuestro egoísmo, aliviarnos el peso y reabrirnos al amor”.
Por último: “la certeza de ser queridos, aceptados, acogidos, amados por Dios; junto al entregarse, creer, pedir perdón y fiarse del amor.
 “Recorriendo estos cinco pasos la vida se abre a la alegría” concluye el director de Radio Vaticana, “si no, la duda de si esté bien existir no encuentra respuesta, se hace insuperable y la vida es presa de la tristeza”.
 “De la duda sobre Dios sigue inevitablemente la duda sobre el mismo ser humano; pero Dios se ha hecho hombre justamente para ayudarnos a superar estas ´dudas´”, asegura el padre Lombardi, citando las palabras del Papa. La mayor esperanza, por lo tanto, es vivir con la certeza de que es “bueno existir como seres humanos, aún en tiempos difíciles”, concluye.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

-La Virgen Maria explica la Navidad

La Virgen María revela la Navidad en Medjugorje
Una de las videntes, Jelena, tuvo una visión de  la Navidad, el 25 de diciembre de 1984. Esta visión aparece en el libro “Oren Juntos con el Corazón Alegre”, del Padre Slalvko, quien fuera Padre Espiritual de los videntes:
—“La Virgen me había prometido el 22 de diciembre, que el 25 me iba a mostrar cómo vivió la Navidad; y tuve la siguiente visión:
Al principio vi un ángel que luego desapareció. De inmediato todo se volvió oscuridad y de la oscuridad, poco a poco, apareció un cielo estrellado. En el horizonte vi a alguien que se acercaba. Era San José con un bastón en la mano. Caminaba sobre una calle empedrada y en el fondo, hacia donde se dirigía, vi varias casitas iluminadas. A su lado vi un mulo y, sobre él, vi a la Virgen muy triste, mientras le decía a José: “Estoy muy cansada. Desearía que alguien nos hospedara esta noche”. José contestó: “Allí hay casas. Preguntaremos allí”. Al acercarse a la primera casa, José llamó a la puerta, alguien le abrió, pero en cuanto vio a José y a María, cerró inmediatamente. Esta escena se repitió varias veces. Y en alguna ocasión, para que María y José no llamaran a las puertas, mientras se dirigían hacia sus casas, llegaron a apagar las luces interiores. Ambos estaban muy tristes y, especialmente, José estaba muy apenado, confundido y turbado por todos estos rechazos. María, en medio de su tristeza, lo animó diciéndole: “¡José: conserva la paz! ¡El día de la alegría ha llegado! De todas formas, ahora deseo rezar contigo porque hay mucha gente que no permite nacer a Jesús”.
“Después de haber orado, María dijo: “¡José, mira, allá abajo hay un establo!  Parece que allí no duerme nadie. Seguramente está abandonado”. Y de esta manera se dirigieron hacia allí. Dentro hay un mulo y también el suyo delante del pesebre. Entonces, José recoge un poco de leña para encender el fuego. Luego coloca un poco de paja pero el fuego se apaga inmediatamente, porque tanto la leña como la paja están sumamente húmedas. Mientras tanto, María busca cómo calentarse cerca de los mulos.

Sucesivamente, se me presentó una segunda escena:
El establo, que hasta ahora estaba poco iluminado, de pronto se iluminó como si fuera de día. Y en un primer momento, cerca de María, vi al Niño Jesús recién nacido, mover las manitas y los piececitos. Tiene un rostro sumamente dulce, parece que ya sonríe. El cielo, por otra parte, se llena de muchas estrellas luminosas. Sobre el establo vi dos ángeles que llevaban en la mano algo parecido a una bandera grande, sobre la cual estaba escrito “¡Te glorificamos, oh Señor!”. Sobre estos dos ángeles, había un enorme ejército celestial que cantaba y glorificaba a Dios. Luego, algo distante del establo, vi a un grupo de pastores que cuidaba su rebaño. Estaban cansados y algunos ya dormían. Y he aquí que un ángel se les acerca y les dice: “Pastores escuchad la buena nueva: ¡Hoy Dios ha nacido en medio de vosotros! Lo encontrareis recostado en el pesebre de aquel establo. Sabed que lo que os digo es cierto”. Inmediatamente los pastores se dirigieron hacia el establo y, habiendo encontrado a Jesús, se arrodillaron y le ofrecieron sencillos dones. María se lo agradeció con dulzura, añadiendo: “Os lo agradezco todo, sin embargo, ahora quisiera orar con vosotros porque muchos no quisieron acoger a Jesús cuando iba a nacer”.

Después de esto, desapareció instantáneamente esta segunda escena y apareció la tercera:
Vi en Jerusalén a los Magos que preguntaban por Jesús, pero nadie sabía darles información al respecto hasta que vieron levantarse de nuevo la estrella cometa que los guiaba hasta el establo de Belén. Extasiados y conmovidos, observan al Niño Jesús, se inclinan rostro en tierra para  adorarlo profundamente y luego le ofrecen dones preciosos. María se lo agradece y les dice: “Ahora deseo orar con vosotros porque muchos hombres no quisieron adorar a Jesús”.

Hasta aquí la narración de la Navidad según Jelena. Añadimos que ese mismo año, el 15 de diciembre, la Virgen sugirió los siguientes temas de  meditación para los días de la Novena de la Navidad:

1. Abrid vuestros corazones porque Jesús quiere habitar en ellos después de Navidad.

2. Acoged la Navidad con alegría.

3. Purificaos para la Navidad.

4. De ahora en adelante, permitid que Jesús ocupe el primer lugar en vuestros corazones.

5. Permitid que sólo Jesús os colme de alegría.

6. Permitid que el amor esté presente en cada una de vuestras palabras.

7. Nace el Hombre – Dios que desea el mundo unido.

8. Vivid en Jesús.

9. No os apartéis de la Navidad.

A continuación, algunos mensajes de aquel mismo año sobre la Navidad

16 de diciembre: “¡Queridos hijos: procurad que de la iglesia emane la fragancia de la Navidad! ¡Y que la Navidad esté ya en los peldaños de vuestra casa! Purificad vuestros corazones de manera que estén listos para recibir a Jesús en Navidad. ¡No permitáis que las cosas materiales estén por delante de la Navidad de Jesús! Queridos hijos, Jesús nace: ¡recibidlo con un corazón  alegre!”.

18 de diciembre: “Queridos hijos: deseo que cada uno de vosotros prepare en vuestro corazón el pesebre para Jesús”.

21 de diciembre: “Queridos hijos: deseo que vosotros seáis como una flor que florece en Navidad para Jesús; una flor que no se marchitará y que nunca cesará de florecer aún cuando la Navidad haya pasado. Deseo que vuestros corazones sean como los pastores de Belén delante del pesebre de Jesús”.
25 de diciembre: “¡Deseo que esta sea para vosotros una Navidad luminosa!”.

Padre Francisco A. Verar
12 de diciembre de 2011
Fuente: www.centromedjugorje.org

La Navidad está ya muy cerca, pero hay que seguir preparándola para que su "espíritu" no pase de largo por nuestras vidas, por tener las puertas del corazón cerradas.
-La Virgen Maria explica la Navidad